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Esthetica Originaria
Santiago Perez Gago
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Premio Fundación Santiago Pérez Gago

SÍMBOLOS Y SIG-NOS DE ESTHETICA ORIGINARIA

En Esthética Originaria distinguimos entre símbolo y signos.

El símbolo es absolutización de lo sensible concreto. Absoluto, en el sentido de incesante. Suelto y libre por completo. ‘Rialidad’ (fluvialidad del ser), totalmente liberada en quien se integra toda la re-a-li-dad di-gi-tal. En la luz del símbolo, se dilucionan y cualifican todas las for-mas y fi-gu-ras de lo visible. Las formas y las figuras son lo obsceno de la luz.

Los signos, en cambio, son la significación y concreción de lo absoluto esencial. En los signos se configura la luz en for-mas y fi-guras, y se coagula y frag-men-ta la incesante ‘rialidad’ (fluvialidad) en re-a-li-da-des vi-si-bles y men-ta-les.

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S¡mbolo de adm¡rac¡ón de apertura
Nadie ha caído en la cuenta de la particularidad exclusiva de este símbolo en el idioma español. La Esthética Originaria es, desde el comienzo, reivindicación revolucionaria de este símbolo de admiración. El símbolo de apertura es optimizador de cultura hispánica. Portal cultural de nuestro ser como pueblo meridional y visionario. Es símbolo de plenitud vital, artística y esthética, de honda emoción lírica. Los sucesos, circunstancias y anécdotas de la épica y de la dramática existenciales quedan devueltos, sublimados e integrados a su luz originaria, en la emoción del símbolo de admiración de apertura. La profunda emocionabilidad de la admiración lírica. Su plenitud se consuma en el punto de luz, en quien todos los diversos puntos de vista quedan integrados.

Al símbolo de admiración de apertura, Pérez Gago le ha encontrado múltiples semejanzas en el ámbito universal. Semejanzas que pueden ser iluminadoras. Entre las que podemos destacar:

Aguja, torre de catedral que abre el universo.
Hilo de Ariadna vertical que nos saca del laberinto existencial.
Camino hacia la luz y hacia la vida.
Ciprés que crece incesantemente hacia la orilla total.
Cohete retropropulsor al orbe de omnipresencia.
Cordón umbilical de comunión en origen.
“Lanza en ristre” a Dulcinea: luz estrella, luz que ve.
Láser de integridad en la luz. Integridad de la luz.

Cancelacion y cierre

Sig-no de cancelación y cierre de admiración
Este sig-no ya no es símbolo. El sig-no tiende siempre a plasmar la luz originaria (invisible porque nos ve) en los diversos puntos de vista que miramos. Se cierra la emoción lírica, y comienza la épica y la dramática: lo existencial y lo racional, que nos echa fuera del ser. Comienzan las identidades, los individuos, los fracasos, la insatisfacción, la desintegración. En definitiva, lo frag-men-ta-do, dis-con-ti-nuo y di-gi-tal, que carece de plenitud.

Omn¡pampromythossé

Omn¡pampromythossé
Omnipampromythossé tiene el se promythos inscrito. El se promythos es mito de los mitos: omnipamprotopromythos. No es pronombre: no es palabra que ponemos ni pronunciamos. Es palabra que nos pronuncia. Este promythos es desconocido en gramática. No es pronombre reflexivo, ni recíproco, ni signo de pasiva refleja, que tienen sujeto inmanente (peinar-se, vestir-se, calzar-se, lo puede hacer un sujeto cuando él quiera). El se pomythos es velada alusión al sujeto transcendente (enamorarse, fluvializarse, oracionarse, incesarse… que se hace siempre en nosotros al margen de nuestra voluntad).

Omnipampromythossé es el mandala total. Centro invisible que ve, centro invisible quien ve. Circunferencia ideal con el centro en todas partes, los límites en ninguna. Es la clave hipostasiada del orbe trascendental. Por su ser trascendental, todo sujeto inmanente, respecto a él, ha de ser radicalmente en aptitud deponente. Es refractario a toda nominación, a toda objetivación, porque es él quien nos ve y nos pronuncia.
Es el símbolo cenit de ideograma y metagrama de Esthética Originaria.

Ideograma

El ¡deograma de Esthét¡ca Or¡g¡nar¡a
En él se pueden observar tres componentes:

"Es carta de origen y ajuste de toda la vida humana. El arte, la religión, la cultura, el amor… Entre los puntos de vista y el punto de luz que ve, el punto de luz quien ve, desde el mandala redondo de Omnipampromythossé, se tensa toda la vida. Caben todas las variables de la vida de los hombres:

En el signo discontinuo de cancelación y cierre de la luz de admiración caen nuestros puntos de vista. En el símbolo incesante de admiración de apertura gravita la luz que ve. Y en el mandala supremo del promythos nuclear vigila la luz quien ve. Omnipampromythossé.

En la barra discontinua de cancelación y cierre del signo de admiración, se enhebra todo lo múltiple: las formas y las figuras, oculares o mentales (conceptos, categorías, sistemas, ideologías, números y cantidades). Son nuestros puntos de vista, siempre regidos y rígidos por la ley de identidad, principio de identidad que bloquea su corsé, con intersticios vacíos –nunca igual, siempre lo mismo- toda la vida incesante.
En sentido consumado, el símbolo de admiración de apertura es hilo transverberador, vibrado de integridad, y médula de la vida que no puede repetirse: siempre igual, jamás lo mismo (esencial fluvialidad). Hilo revolucionario de apertura y de visión.
Al fondo de las caídas, descensos o decadencias (sig-no de cancelación y cierre), hay una diminuta turbina que nos devuelve de nuevo al orbe y a la apertura del axioma originario de la luz y de la vida. Omnipampromythossé: tiene que hacerse en nosotros. No lo podemos hacer.

Metagrama

El metagrama de Esthét¡ca Or¡g¡nar¡a
Se compone del símbolo de admiración apertura y del Omnipampromythossé. El metagrama es intensidad e integridad del ideograma. Acelerando el ideograma en sentido de las agujas del reloj, hay un momento de intensidad en que la dualidad de contrarios, la apertura y la cancelación, se integra en la hénada-mónada que se vertiga a la luz del omnipampromithossé. La inmóvil velocidad petrificada en el centro. La rueda de colores concretos se diluciona, por velocidad intensa e incesante, en la claridad total de la luz integradora.

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